11.11.05

Grandes Cuentos Inacabados: La apertura Slagar

Jamás terminaré este cuento.

La apertura Slagar

—¡Fíjese, inspector! —exclamó el detective Miralles— ¡Excrementos!

Los guantes del inspector examinaron la masa blancuzca que el detective había señalado. No se encontraban a demasiada distancia del lugar del crimen, así que era probable que se tratara de un Slagar.

—Todavía están calientes —observó el inspector, rebuscando entre los restos—. ¡Maldita sea! —exclamó extrayendo la figurilla negra de un caballo de ajedrez— ¡Aquí hay varias de las piezas!

—Sí, señor —apuntó Miralles, iluminando con la linterna—. Allí hay un alfil blanco y un par de peones.

El inspector se levantó y tiró sus guantes. Los de científica harían el resto del trabajo sucio, ahora tenían que atrapar al slagar antes de que sembrara el pánico. Hizo una seña al detective y ambos volvieron a la escena del crimen, una de las mesas al aire libre que utilizaban en el Parque de Cabecera; los dos contendientes estaban horriblemente mutilados. Sin embargo, las piezas de la partida seguían en pie, formando una extraña configuración.

—La apertura Slagar —masculló el inspector.

—¿La qué? —preguntó el detective.

—Cuando un slagar termina de alimentarse —explicó el inspector, acercándose al tablero—, siempre dispone la misma jugada sobre el tablero. Las razones que lo impulsan, tanto a matar ajedrecistas, como a mover las piezas, son todo un misterio.

—¿Y cómo es un slagar?

La imagen de un pequeño ser de pelaje gris, con orejas puntiagudas y garras afiladas volvió a la memoria del inspector. No había vuelto a ver uno desde las semifinales del 21; la doble hilera de dientes retráctiles que utilizaban los slagar había arrancado el brazo derecho del maestro Kordizov. Ahora le llamaban “el campeón zurdo”.

—Cuando vea uno, lo sabrá.

El flash de una cámara inmortalizó, una vez más, las piezas de la apertura slagar. El inspector ordenó una búsqueda por círculos, tenían que cercar los alrededores del parque. Una decena de agentes k-9 rastrearon la zona pero los perros se mostraron inquietos, incapaces de encontrar el rastro. El amanecer se dio prisa en llegar, el slagar había escapado.

****

El despacho del inspector Blanquer parecía infestado por una plaga de fotos, carpetas marrones y notas en papeles con colores brillantes; un número indeterminado de vasos de café se arremolinaba junto a varios ceniceros repletos de colillas. El timbre del teléfono retumbó en la habitación, despertando al inspector de un incómodo sueño.

—Blanquer —dijo con voz ronca.

—¿Inspector? Soy el alcalde Valls —cómo confundirlo, con su tono chillón—. El comisario Ventrell me ha informado de su ineficacia en el asunto del slagar.

—Estamos trabajando en ello, señor alcalde. Pero por el momento creemos que es necesario que la gente tome ciertas medidas...

—¿Qué? ¡Medidas! ¿Espera usted que la gente piense que no vive en una ciudad segura? ¿Es que quiere acabar con el ajedrez aficionado?

—Solo es una propuesta, señor. ¿Tanto costaría prohibir el ajedrez callejero?

—¿En época de elecciones? —chilló el alcalde— Encuentre a ese slagar, inspector. O su carrera habrá terminado.

El alcalde colgó con fuerza. Ojalá se dislocara la muñeca, pensó el inspector, buscando un paquete de cigarrillos entre el caos de su mesa. Encontró un pitillo bajo las declaraciones de varios testigos falsos, ahora sólo faltaba el mechero.

—Señor —dijo el detective Miralles, tras llamar a la puerta—. El doctor Vassinov acaba de llegar, ¿le digo que pase?

—¿Quién? —gruñó, apartando dos carpetas.

—El experto en ajedrez, señor.

—Si, si. Hágale pasar, le estaba esperando.

El detective terminó de abrir la puerta y se hizo a un lado; un hombre bajito, vestido con traje negro y sombrero, entró en el despacho, mirando con gesto de disgusto el desorden reinante.

—No me extraña que no encuentre al slagar —dijo, buscando un hueco libre en el que sentarse—, éste caos no es más que el reflejo de una mente poco disciplinada.

Blanquer encontró finalmente el mechero y encendió el cigarro, disimulando su malestar. ¡Expertos en ajedrez! Se creían en la cima del mundo y trataban a los aficionados como peones...

—Gracias por su opinión, doctor —resopló a través de una bocanada de humo—. Supongo que le habrán puesto al corriente de la situación, ¿cierto?

—Así es, ésta mañana recibí el informe completo. Por lo visto no han avanzado demasiado.

—No se ponga difícil conmigo, doctor. Tiene usted la posibilidad de demostrar su teoría acerca de la apertura slagar, le conviene colaborar con nosotros.

El experto en ajedrez meditó su próximo movimiento.

—En realidad no es una apertura —dijo, extrayendo unas fotos de su cartera negra—. Como puede observar, pertenecen a una partida ya iniciada, casi terminada.

Los ojos del inspector no demostraron sorpresa alguna.

—Gracias doctor, pero todos hemos estudiado teoría del ajedrez en la escuela de policía. Dígame algo que no sepa.

—Claro, claro —añadió el experto, mientras colocaba las fotos con extremo cuidado sobre el abarrotado escritorio del inspector—. He estudiado miles de partidas en los últimos diez años tratando de encontrar un referente que nos diera ésta posición en concreto. Como se habrá dado cuenta, parece que las blancas están en minoría y que las negras tienen cierta ventaja... pero lo interesante es cómo se ha llegado a esa situación. ¡Es casi imposible que dos maestros acaben con las piezas así!

El inspector volvió a asentir.

—Por ahora estamos en el mismo sitio, doctor.

—Pero atienda... ¿y si no fuera una jugada? ¿y si fuera un mensaje?

8 comentarios:

Blackonion dijo...

Jarl.

¿Lo de que jamas lo ibas a terminar era una amenaza, una advertencia o que?

Me ha gustado y me has dejado con las ganas de saber como sigue.

Por cierto, el blog de wordpress no acepta comentarios.

Santiago Eximeno dijo...

¡Termínalo, termínalo!
¡O si no, prepara un cadáver exquisito y que alguien lo termine!
Ah, adoro los relatos fantásticos que incluyen temas ajedrecísticos en su interior...

Alfredo Álamo dijo...

Jamás lo terminaré, sufro un bloqueo a partir de esa última frase. ¿Voluntarios para continuarlo?

Javier Esteban Gayo dijo...

Bueno, si no te importa que el slagar se convierta en un híbrido entre dragón y pingüino con problemas de alcoholismo... :p

Santiago Eximeno dijo...

Mmm.....
Jejejeje...
Puesssss...
Me molaría continuarlo, sí.

Alfredo Álamo dijo...

Pues nada, Santi, todo tuyo ;)

Blackonion dijo...

Oooh... :)

He estado leyendo los posts de Santi en revelados y me parecen geniales, asi que ardo en deseos de ver la continuación. Seguro que está a la altura.

Javier Esteban Gayo dijo...

Y los de Efímeros, Subcontratado... :p

Un relato a cuatro manos entre vosotros dos va a ser la caña.