7.2.06

El dilema de la escritura y los géneros malditos


Una de las situaciones que más odio tiene lugar cada vez que me presentan a alguien, tras el habitual saludo llega la pregunta, ¿Y a qué te dedicas?... Escribo, contesto yo mientras cierro los puños, inspiro fuerte e intento tranquilizarme. Entonces llega lo inevitable, el horror; mi interlocutor sonríe, pone cara de póker y replica, ¿Y qué escribes? Me quedo blanco, expiro el aire acumulado, me muerdo el labio y enarco una ceja (se me da bien lo de enarcar cejas) Pues, ya sabes, cuentos, relatos, poesía, un poco de todo... Intento zafarme, pero los hay persistentes. ¿Has escrito algo que yo haya leído? ¿Dónde publicas? ¿Has escrito alguna novela buena? Es una especie de purgatorio por no ser médico, ¿Has extirpado algún buen tumor últimamente?, o seguir trabajando en una oficina picando datos y arreglando ordenadores (aunque la maldición informática es otra historia casi igual de larga)

En realidad la conversación suele cortarse cuando yo comento que escribo ciencia ficción o terror. Ahí la cosa se diluye en una mirada incómoda, ahora por parte de la otra persona, y un suspiro de alivio por el mío. Al mencionar el Género todo se aclara, yo ya no soy un escritor intelectualmente predador y amenazante frente al que aparentar poseer una cultura, no, paso a ser el friki gordito, con gafas y camiseta negra que parecía desde el principio. Bueno, eso si no llega la pregunta chunga que algunos malparidos se guardan, Ah, eso, ¿y se puede ganar algo de dinero con esas cosas?

Pero yo quería hablar de los géneros y no del miedo al tipo que escribe. Bueno, ahora todo el mundo escribe, ahora algunos responden, Yo también escribo, tengo un blog... , y luego sonríe.

Los géneros, maldita sea, los géneros.

Las etiquetas marcan muchas cosas en un libro. Normalmente, al escribir, no pienso en cómo de género está quedando el cuento. Simplemente aplico una idea, algo que ha ido creciendo en mi cabeza y que necesita salir. Me gusta la ciencia ficción, llevo leyendo género desde niño, y disfruto como un enano al escribir relatos de terror. Sin embargo empiezo a darme cuenta de que escribo sobre otros, que escribo historias que sin otras ideas que pertenecen al "inconsciente colectivo del género" no merecerían ni una segunda lectura. Eso no quiere decir que sean malas, sólo que están limitadas a ese inconsciente.

Así que los editores, con su habitual olfato, saben cuándo una obra mantiene referencias fuertes fuera del género y puede ser aceptada por la mayoría de los lectores. Entonces lucha por quitarle etiquetas y lanzarlo como novedoso, llevándolo junto a las mesas de novedades y superventas, al lado de El código Da Vinci y el último de Lucía Etxebarría. No es muy bonito compartir mesa con ellos, pero peor es compartir rincón oscuro con JJ Benitez y genéricos de Warhammer, historias sobre la sodomía templaria o el libro de las flores de Bach.

Y la culpa no es del género en sí, ni de los lectores. Es de una actitud que, por el momento, parece ser imposible de cambiar, tanto en los lectores ocasionales como en la mayor parte de los libreros. La aparición de librerías de género especializadas ayuda, pero no dejan de pertenecer al fandom y en el fandom venden. Que es un mercado de lo más digno y con el que se debe trabajar. Pero como escritor siempre te queda la espinita clavada de ver obras buenísimas despreciadas frente a best-sellers infumables, sólo por una etiqueta, que puede ser de ayuda para clasificar y ordenar, pero nunca para disfrutar de la lectura.

Escribo Pulp, y seguiré escribiendo género, terror bizarro, paranoias científicas, me encanta, lo reconozco, aventuras sin más que el espectáculo y la maravilla, el culto por el marco en lugar de por el cuadro. Pero a veces, al escribir, sale otra cosa, o, simplemente, la idea no encaja en ningún género marcado, se desarrolla de otra forma, una forma extraña y contrahecha que asusta por su aspecto deforme. Pero que, a mis ojos de padre, mantiene un atractivo que no puedo explicar.

Aunque tenga que encerrarla en una cesta de viaje y se coma a la gente a escondidas.

6 comentarios:

Pily B. dijo...

Entiendo tu indignación, pero de los dos posibles caminos que puede tomar dicha conversación una vez tú "descubres" que te dedicas a escribir, creo que es todavía peor cuando te contestan; yo también escribo, y después te miran con cara de ¿y? Vamos, yo no me dedico a escribir de manera profesional, pero si lo hiciera, creo que me jodería más porque es como si todo hijo de vecino pudiera hacerlo y hacerlo BIEN. (Y no costase absolutamente nada. Vamos, que lo de escribir no es nada trabajoso, no te jode)

En fin, ánimo, más desgracia tienen ellos. XDDDD

Alfredo Álamo dijo...

No, si hay gente que escribe en sus blogs de forma sorprendentemente buena. Pero son los menos y, además, no son los que te harían ese comentario. Así que nada, se sonríe y se busca con desespero una cerveza ;)

Javier Esteban Gayo dijo...

Sí, bueno, hay gente que escribe muy bien en sus blogs pero eso no les convierte en escritores. La publicación, aunque sea en un fanzine, tiene que conllevar un elemento de criba, si no es mera difusión.

En mi caso, lo que hago es un mero ejercicio -aunque a veces me salgan decentes y hasta los publique en revistas- pero, por muy en serio que me lo tome, querer que me llamen escritor sólo por eso es un poco de... gilipollas.

Muy buen artículo, Alfredo, me ha encantado.

Higronauta dijo...

La malsana manía de esta sociedad es etiquetar cada uno de sus elementos para así facilitar su uso y (sobretodo) consumo, normalmente en mentes con poca capacidad para la sopresa o el interés. Al igual que el hecho de la publicación: si no está en el mercado, simplemente no existe. Toda una abstracción neoliberal, a qué negarlo.

Pily B. dijo...

Eso, eso ¿qué coño tienen que ver los blogs, si hasta el más lerdo tiene uno? La gente se piensa que por juntar letras contando cosas que además no suelen salir de la imaginación de uno...

En fin, Alfredo, te haré caso y empezaré a beber cerveza. XDDDDD

Zapardiel dijo...

Oh, yo en ésto uso la misma técnica que nel resto de las facetas de mi vida: asustar.

Siempre que alguien me pregunta que qué leo o escribo digo lo mismo: historias de gente que cocina gente. Historias de gente que prende fuego a gente. No es del todo cierto, pero ponen la misma expresión que cuando les murmuras "Te estoy viendo en llamas".

Pero me apunto con vosotros al colectivo cervecero, por supuesto.Glus glus :)